Nuestra historia
alterna, Mi madre.
7 de Sep. a Oct. 19, 2005
Por Fernando Román
Deseo contar algo muy personal que se mantuvo inevitablemente en mi mente en este viaje y durante el seminario, siento una gran necesidad de expresarlo, de contarlo simplemente.
Del 7 al 9 de octubre tuve la oportunidad de impartir el 1er. seminario de Aikido en Costa Rica impulsado por AHAN Internacional, con Marco González, coordinador de AHAN Costa Rica, ayudando con este evento a las Aldeas Infantiles SOS. Una institución que se encarga de ayudar a niños abandonados o que por alguna razón no tienen un hogar, creando para ellos con mujeres voluntarias, una segunda oportunidad de tener una familia.
Desde 15 días antes de éste seminario, mi madre estaba muy enferma y se encontraba hospitalizada en el Centro Médico Nacional Siglo 21 del Instituto Mexicano del Seguro Social. Se le había detectado un cáncer y tenía un líquido alrededor del corazón y de los pulmones que no la dejaba respirar, causándole mucho dolor en el pecho. Todo este tiempo ella estuvo ahí recibiendo tratamientos con fuertes medicamentos. Con esta situación quiero confesar que para mi fue realmente muy difícil ir a Costa Rica, tanto por esto y como la llegada de mi segundo hijo sólo 20 días atrás, siendo muy poco comparado con estos hechos, la situación del mal tiempo que ya he detallado en el reporte oficial del seminario.
Despues de mi regreso de Costa Rica el día 11 de octubre, aún tuvimos que seguir yendo varias veces al hospital, mis hermanos y yo turnábamos los días para quedarnos toda la noche con mi madre, pues no podía estar ni un momento sola. Incluso nuestros familiares también llegaban a quedarse para responder a cualquier imprevisto. En esos días estaban por decidir de acuerdo a varios estudios, si le realizaban o no una operación de la cual los médicos nos decían que difícilmente podía salir adelante.
Mi madre hace como 10 años hizo una fuerte amistad con una familia de Costa Rica que alguna vez visitó México y que conoció gracias a la esposa de uno de mis hermanos. Mi madre se encargó de la señora Flory quien fue la primera persona que vino de esta familia y que venía acompañando a su esposo por asuntos de trabajo, estuvo por unos 10 días en México en casa de mi madre. Le gusto tanto que después regresó con su familia y se quedaron casi un mes más, en ese entonces la familia era conformada por dos hermanas, por 2 varones de 12 y 20 años y una pequeña niña de 6 años, ahora la niña tiene 15 años.
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Cuado mi madre supo que yo iba a Costa Rica, me dió de inmediato su dirección y casi a diario me decía que no me fuera a olvidar de visitarlos y de hacerles llegar sus saludos, así que ya en Costa Rica en una de las tardes después del seminario, le pedí a Marco Sensei si me podían decir cómo llegar a esta casa, más que eso uno de los alumnos, Gerardo, nos llevó directamente a su domicilio pues quedaba muy cerca de la zona donde nos hospedaron y que él conocía muy bien. Al llegar me llenaron de abrazos y besos, pienso que yo representé para ellos en ese momento a mi mamá a quien no veían desde entonces y con quien sólo se comunicaban por teléfono y a través de cartas. Este caluroso trato ya lo esperaba, pues lo había visto en México con mi madre y con cada uno de los miembros de esa familia. Realmente ellos siempre han sido muy cariñosos.
Todos los integrantes de la familia Barrientos le enviaron muchos saludos a mi madre y algunos obsequios, yo les tomé fotografías a ellos he incluso por medio de video clips, todos tuvieron la oportunidad de saludar a mi madre con sus propias palabras e imagen en movimiento. Yo les dije que lo primero que iba a hacer al llegar a México, era llevarles sus saludos y mostrarle a ella sus imágenes, pensé que era algo bueno pues sus palabras eran de aliento y bendiciones. Incluso me manifestaron su deseo de llevar a mi madre a Costa Rica en cuanto se mejorara y que estuviera algún tiempo con ellos en una de las playas donde vive la abuelita real, y digo real, porque ellos consideran a mi madre como parte de su familia y la niña desde pequeña siempre le dijo abuelita.
Sinceramente yo experimentaba en ese momento un doble sentimiento; por un lado me sentía feliz de estar con ellos y saber que mi madre tuviera tal acercamiento y motivara tantas muestras de cariño, y por otro lado me sentía triste, pues no tenía la certidumbre de que mi mamá regresara con bien a su propia casa y por lo tanto, no se pudieran realizar los planes que ellos me estaban manifestando.
![]() Karina en la actualidad |
![]() En Costa Rica con la Familia Barrientos , 9 de octubre del 2005. |
El martes 11 que llegué
de Costa Rica, después de hora y media de viaje en taxi del aeropuerto
a casa, solo dejé las cosas y llevándome el auto, inmediatamente
fui a ver a mi madre. En esos días, había estado lloviendo mucho
en México, pero ese martes además de una lluvia torrencial, los
trabajadores del Seguro Social en México (precisamente de la institución
del hospital donde estaba mi madre), cerraron en manifestación una de
las avenidas más principales de esta ciudad (Tlalpan). Con todo lo que
traía en la cabeza y sin haber descansado del viaje, a mi se me hizo
la peor de las lluvias, pues manejando al hospital con un tráfico interminable
que me hizo hacer 3 horas de camino en lo que normalmente lleva media hora,
llegué a ver a mi madre y no pude más que abrazarla y llorar en
su regazo. Reteniéndome sin embargo de mis ansias de hacerlo fuerte,
pues estaba llena de mangueras y aparatos.
Después de platicar con ella un rato le mostré las imágenes
que traía conmigo y empecé a leerle algunas cartas que también
le habían enviado. Entre los objetos que yo le había traído
de Costa Rica, le entregué una bonita y pequeña cruz hecha de
varias maderas que se dan en este país y mi madre me dijo que sabía
que pronto llegaría su hora y que me pedía que la incineráramos
junto con esta cruz, pues la misma se había llenado de significados para
ella.
![]() Así encontramos este llavero en el cuarto del Hotel donde nos hospedamos, estaba en la alfombra en la esquina de una cama. |
![]() Cruz de Costa Rica que acompaño a mi madre. |
A mi regreso tanto mis hermanos y yo como varios amigos y familiares, pasamos una semana más entre hospitales, consiguiendo medicamentos, haciendo tramites y como supondrán a medio dormir. Desde que comenzó esto como dije 15 días antes del seminario, hicimos todo lo que humanamente es posible, pero mi madre aun cuando se veía entera por fuera y cuando no le daban ataques de tos se podía platicar perfectamente con ella en forma lucida, realmente recaía cada vez más y tenía al día varios momentos de dolor espantosos. Así, llegó el día 18 de octubre en que los médicos dijeron que no podían hacer ya nada por ella y nos recomendaron llevarla a su propia casa. Mi madre, una persona que trabajó desde los 4 años de edad, (quien fue realmente para 4 hijos varones, madre y padre a la vez, pues fuimos abandonados por éste desde pequeños), una mujer llena de alegría, físicamente muy alta y fuerte, y con un corazón que conquistaba a quien fuera en 5 minutos, estuvo una noche más en su cama y falleció al siguiente día muy temprano por la mañana, solo a dos días de su cumpleaños número 63.
![]() Mi madre Martha Rosas Almaráz |
![]() Con sus cuatro hijos, de izquierda a derecha: José Luis, Alejandro, Hector Arturo y Fernando. |
Mi madre pudo despedirse de toda su familia, en su velorio y en los días que siguieron para despedirla, me sorprendió la cantidad de gente que fue a rendirle sus respetos, familiares cercanos y lejanos, muchos vecinos y amigos, compañeros de muchos trabajos en que estuvo y personas que nosotros mismos no conocíamos, llegaban y nos abrazaban diciendo que ella había sido una mujer que siempre pensaba en los demás, que se entregaba a la gente y que muy pocas veces pensaba en si misma, que había sido muy fácil llegar a quererla y que ahora lo difícil para ellos, sería acostumbrarse a que no les llamara en su cumpleaños para felicitarles, o simplemente en otros días para saber cómo estaban.
Hasta al final seguía pensando y viendo por los demás, a nosotros como sus hijos nos llegó a decir en su cama de hospital que no nos preocupáramos por ella, que sabíamos bien que su vida la había dedicado a nosotros y que había tenido el gusto y el orgullo de vernos ya grandes, todos con familia, con casa y sin ningún vicio, y que además, todos le habíamos dado nietos maravillosos. Nos dijo que cuidáramos de nuestras familias y de sus nitos y que como ella hizo, los hiciéramos gente de bien, que esto era lo importante. Cuando alguno llegaba a llorar por ella, le decía que no llorara, que ella sabía a donde iba y que los brazos de Dios la estaban esperando, que debíamos dar paso a los designios de la naturaleza, ya que ella misma lo estaba haciendo así, que se podía ir en cualquier momento pues no tenía ningún pendiente mas y que lo hacía con una aceptación plena, y sumamente agradecida por la vida que Dios le había dado. Solo nos pedía que siempre siguiéramos juntos, pues eso había sido lo que había intentado hacer toda su vida, una familia unida.
Fue realmente doloroso tener que comunicar de su deceso a familiares y amigos, quienes no podían creer lo rápido que todo había pasado. Y especialmente para mi, fue muy doloroso decirle a Doña Flory y a la familia Barrientos de Costa Rica.
Pensando en los eventos que han pasado desde el año 2003, donde cambiamos el rumbo de nuestras vidas al decidir convertirnos en una organización no solo de aikido, sino de ayuda humanitaria, quiero terminar esta historia diciendo que el cáncer, los niños abandonados o de escasos recursos, los lugares de Denver, Costa Rica y México, el pensar en los demás, las mujeres que se convierten en madres de hijos ajenos, mi propia madre, la unión y armonía con mis hermanos, el trabajo, los hijos y la familia, son ahora lugares y conceptos que han adquirido para mi un nuevo significado...gracias Madre.
![]() Mi madre se va. |
![]() Mi segundo hijo Leonardo llega. |