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" MA "  

Por José Navarro


Ma es un concepto fundamental para comprender las diferentes artes Japonesas.
Algunas de las palabras occidentales usadas para traducirlo son: distancia, silencio, espacio, ritmo, pausa, intervalo.

En música MA es el justo intervalo de tiempo entre los sonidos para producir las frases musicales, y está íntimamente ligado al Kokyu, la respiración, la intuición, el momento exacto de hacer.

Existe en la música Japonesa el concepto Jo-Ha-Kyu que se puede entender como ritmo flexible en el que ha un sonido largo y otro mas corto, después una serie de sonidos cada vez mas cercanos uno del otro hasta llegar a un sonido final que es al mismo tiempo el primero de un nuevo ciclo.

Este principio se aplica a una frase musical, a la construcción de una pieza, a un grupo de piezas, etc.

Constantemente encontramos pinturas con trazos de una rama, una montaña, o el mar, y grandes espacios vacíos o vagamente pintados, ahí esta MA. Y esto aparece también en la caligrafía, la poesía, el teatro y el Budo.

En el Budo estos conceptos tienen la misma importancia. El MA-AI entendido como distancia y su correcta aplicación y manejo, resultan cruciales para una eficiente ejecución de cualquier técnica ya  sea con armas o a manos libres.

En la práctica del Budo existen básicamente tres MA-AI

Toi ma- Distancia larga. Es la iniciación. Una distancia en la que no es posible un ataque y no es necesaria una defensa.

Itto issoku no ma- A un paso. Es el encuentro. Una distancia en la que un paso de cualquiera de los participantes es suficiente para llevarlo al alcance del otro.

Chikai ma- Distancia corta. Es la decisión. Es la distancia en la que el encuentro será decidido.

Estos tres tiempos de MA nos regresan al Jo-ha-kyu, y al círculo infinito.

Saotome Sensei dijo:

“El universo mismo es un principio de MA-AI que se expresa en la distancia y las posiciones de las galaxias, estrella y planetas. Es el mismo principio de la estructura molecular. Para que las fuerzas funcionen es necesario que se repartan el vacío y que las distancias y sus posiciones respectivas sean exactas. La estructura de nuestro cuerpo se basa también en la noción de MA-AI: separación de los ojos, las orejas, los órganos vitales. Aquella separación que asegura un equilibrio armonioso”.

 

¿Cuáles son los beneficios que atrae la práctica del aikido?

Por Fernando Román

 

Una persona que practica aikido mejora la calidad de su vida en todos los sentidos. Con el constante entrenamiento mental y corporal se van entendiendo y asimilando los principios de sus técnicas. Estas están basadas en movimientos centrados y circulares que siempre van de acuerdo a las leyes del Universo.

El cuerpo se vuelve más flexible y coordinado, los movimientos se hacen sumamente precisos y sorprendentemente poderosos y espontáneos.

Así también, al aprender a tranquilizar la mente y funcionar con armonía respiratoria, los pensamientos e ideas se vuelven más puros y claros, dando paso a una concentración plena e incluso a un trabajo espiritual. Como consecuencia de este proceso, se aprende a vivir en armonía consigo mismo y con los semejantes.

El aikido crea en los Dojo o cada uno de los lugares donde se practica, un microcosmos, donde además de trabajar con nuestro cuerpo y mente y ayudarnos a mantener el organismo en buenas condiciones, se adquiere, a través de la aplicación y recepción de las diferentes técnicas, una gran sensibilidad hacia cualquier situación que amenace la armonía del lugar donde nos encontremos. Al igual que en el Dojo, el practicante llegará a captar fácilmente estas situaciones en la vida cotidiana y aplicará lo aprendido por las enseñanzas del aikido.

Ante cualquier conflicto e incluso antes de que éste nazca, alguien que realmente practique aikido, no chocará o discutirá con los demás y mucho menos llegará al pleito, si no que será capaz de encontrar el camino más adecuado y, permitiendo que fluyan las diferentes energías personales, podrá guiarlas para conservar la armonía y resolver los desacuerdos, sin desembocar en situaciones violentas.

Todo lo anterior hace que nuestras capacidades positivas encuentren un gran impulso y aprendamos a manejar los problemas que nos ofrezca la vida. Así es como se llega conducir nuestra existencia a través de una vida plena y se logra una forma de ser ecuánime con una verdadera civilización. En pocas palabras; quien practica aikido integra todo su ser (mente, cuerpo y espíritu), aprendiendo a la vez a vivir de una manera más positiva y sobre todo mucho más creativa.

 

Aikido, un Arte Marcial revolucionario

Por Héctor Cirilo Hernandez  

El Aikido es el Arte Marcial más reciente y con más crecimiento en el mundo. Es un arte marcial físico en extremo, pero en esencia espiritual. Aikido significa literalmente "el camino a la armonía del espíritu", pero más correctamente "el camino a la armonía con el espíritu del universo". Con raíces en las antiguas tradiciones de los Samurai, es sin embargo, una reforma radical de la tradición Samurai. No se busca la victoria sobre otros si no, como decía su fundador "la protección amorosa de todos los seres". Las técnicas del Aikido pueden causar grandes daños, inclusive la muerte, pero se enfoca hacia la paz y la armonía. El Aikido es en extremo místico, en ocasiones hasta parecería paranormal, es también eminentemente práctico, con aplicaciones en el hogar, la escuela y el trabajo – en todos los aspectos de nuestra vida, en lo físico, lo emocional, lo social y lo espiritual.

Cuando un compañero me invitó a participar en una clase. Había oído hablar del Aikido pero no sabía gran cosa de este arte. Ahora se aún menos, pero me emocionan los movimientos y la gran variedad de sus técnicas. Pero más importante que la parte física de este arte marcial y más importante para la época en la que vivimos, es la filosofía que lo sustenta. Entender la filosofía del Aikido y empezar a vivir bajo esta filosofía es como entrar a un nuevo universo, a un mundo en el que los antiguos supuestos se cuestionan. Cambia el contexto, los golpes inesperados de la vida se convierten en "regalos", un mundo en el que los ataques llevan a la conciliación, un mundo en el que las ansiedades y el dolor renacen como energía vital, un mundo en el que la discordia se transforma en armonía.

Esto es en extremo importante para mantener el balance, mantenerse centrado y mantener la compostura en tiempos de crisis, en tiempo de cambios impredecibles y rápidos. Estoy convencido que si más gente siguiera los lineamientos claros y sencillos del Aikido viviríamos en un mundo más armónico y más beneficioso.

 

Mi visita a Japón

Por Antonio Capulín

A principios del mes de septiembre del 2000, realice un viaje que duraría un mes al legendario Japón y en donde observe una pieza fundamental, no solo dentro del desarrollo de las artes marciales, sino de toda una forma de vida. Estuve en varios eventos de diferentes artes marciales, pero en esta ocasión quisiera hacer referencia al Kendo (camino de la espada). Primeramente observé el inicio de la clase y la RESPONSABILIDAD con que cada uno de los practicantes tomaba su lugar, después comenzaron los calentamientos que consisten básicamente en variaciones de los ejercicios de calistenia occidentales y después de ello la práctica. En este punto puse máxima atención, observe la manera de caminar, el equilibrio, los giros, las posiciones, la velocidad y muchos otros factores que integran el arte.
(y vale la pena mencionar que cada uno de estos factores es un arte un si mismo) y mientras mas practicaban me preguntaba ¿en que radica la diferencia entre japoneses y practicantes del resto del mundo si técnicamente se entrenaban igual que en occidente?. En ese momento observe a una chica que estaba lista para enfrentar a un compañero físicamente muy superior a ella. La pude observar desde el momento que tomó el shinai (espada de
bambú), se levantó del seiza con máximo porte y formalidad y caminó hacia su compañero, pude ver detenidamente
su mirada, completamente tranquila y amable, entonces saludó, con una elegancia y respeto a su compañero, contrincante.

Al momento de preparar su combate su expresión se "vacío" y sólo esperó el ataque... en ése entonces me di cuenta!!!
Y me vino a la cabeza el momento en el que llegue a Osaka, una ciudad increíblemente limpia, ordenada y respetuosa
al límite y me percaté que esa chica no entrenaba solo su cuerpo o unas reglas de etiqueta del arte marcial, lo que observé fue ACTITUD, simplemente llevaba su forma de vida al Dojo, simplemente y como muchos de los practicantes
ahí presentes, estaba entrenando EN SERIO.

De esa manera medité acerca de nuestra formación occidental, ganar en vez de crecer, quitar en vez de compartir, tirar en vez de levantar. Yo me pregunto: ¿Estoy llevando mi forma de vida al Dojo?¿Estoy creciendo junto con mis compañeros, no solo en Aikido sino en mi vida?¿con mi familia y amigos? ¿con mi ambiente y mi sociedad? Creo que
este es un reto grande y un poco complicado desde el punto de vista occidental, pero que en realidad es bastante simple. Yo lo definiría como RESPETO y el AUTO-COMPROMISO de hacer las cosas bien. Tal vez no entrenemos mucho, pero hagámoslo SIEMPRE CON CALIDAD, la misma calidad con la que nos desempeñamos diariamente. Mantén tu
ACTITUD siempre comprometida, solo la práctica de corazón te llevará al crecimiento.

¿LO ESTARÉ HACIENDO ASÍ?

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Misogui Mundo

Por Miriam Medel Garcìa

En Aikido, hacemos Misogui antes de iniciar nuestra práctica. El Misogui nos ayuda a estar listos para que nuestro Ki pueda manifestarse adecuadamente. Nos purifica y nos revitaliza. Nos hace conscientes de nuestras habilidades, para poder utilizarlas, y de nuestras limitaciones, para poder superarlas. Nos ayuda a conectarnos con la energía del Universo y a darnos cuenta de cuál es nuestra misión y nuestro papel en este mundo. Nos solidariza con nuestros compañeros de práctica. Nos prepara para la acción.

Es justamente mediante el Misogui que podremos revertir las malas tendencias en actitudes positivas que nos ayuden a transformar nuestro entorno. Hagamos Misogui mundo, intentando mantener limpio y puro todo lo que nos rodea, tanto material como espiritualmente; realizando nuestras actividades con plena conciencia de su propósito verdadero y dirigiendo nuestra energía hacia fines positivos; estando conscientes de todo lo que acontece a nuestro alrededor aunque ocurra en lugares remotos; formándonos opiniones e ideas sobre dichos acontecimientos; y compartiendo los principios y enseñanzas del Misogui, y del Aikido en general, con las personas que nos rodean, aunque no las conozcamos.

En la medida en que demos Misogui a nuestro entorno y a todas y cada una de nuestras actividades, fortaleceremos nuestro espíritu de solidaridad y sacaremos mejor provecho de nuestros esfuerzos por resolver o mejorar situaciones; incluso contagiaremos, poco a poco y en la medida de lo posible, a aquellos que están encargados de negociar y concertar a nivel mundial. De esa forma lograremos incidir verdaderamente en el restablecimiento del equilibrio y la armonía de nuestro mundo. Después de todo, el fin último del Misogui es, como ha explicado un Aikidoista, transformar al ser humano de homo sapiens en homo excellens.

 

Moverse y caminar en forma coordinada 

Por Fernando Román

Moverse y caminar en forma coordinada es fundamental para que tus movimientos tengan la armonía que te permita realizar las técnicas de Aikido sin demasiado esfuerzo.

El caminar en aikido es distinto a la manera en que comúnmente avanza una persona normal. Ésta, cuando adelanta un pie y con el fin de guardar el equilibrio, lleva al mismo tiempo el brazo y mano contraria al frente, se trata sólo de avanzar sin perder el equilibrio. En cambio para realizar los movimientos del Aikido, cuando un pie avanza, el brazo y la mano del mismo lado también lo hacen. La idea es la de mantener en todo momento la coordinación completa de movimientos, dejando que los hemisferios del cerebro actúen íntegramente para un sólo lado de cuerpo cada vez. Y al mismo tiempo, moverse pasando el peso de un lado a otro del cuerpo, balanceando y cambiando el centro de gravedad de izquierda a derecha o viceversa, como en funa kogi undo. Es parecido a cuando se realiza una estocada en esgrima, pero sin llegar nunca a perder el centro y equilibrio; se adelanta el pie del mismo lado que la mano y se realiza un avance similar al irimi en Aikido.

Cuando seas capaz de llevar a cabo las técnicas de aikido de ésta manera, tus movimientos adquirirán un gran poder. Al moverte y adelantar uno de tus brazos, lo que realmente estarás haciendo será adelantar todo el cuerpo de ese lado. Cuando intenten agarrar alguna parte de tu cuerpo, ya sea mano, brazo, hombro, etc., realmente estarán intentando agarrar todo ese lado del cuerpo y aún más, de todo tu ser. Tus extremidades inferiores y superiores, incluso la cabeza misma, nunca se moverán sin unión con tu centro y por consiguiente siempre estarán conectados a la tierra y al cielo. (Tenchi).

Moverse y caminar en forma coordinada es fundamental en Aikido.

 

Aikido y Danza Contemporánea

Por Jenet Tame


Las relaciones que existen entre la danza contemporánea y el AIKIDO pueden establecerse en diversos terrenos, podríamos hablar de los principios de movimiento, de los aspectos técnicos, reflexionar sobre la historia y la estética, etc., pero separar las distintas esferas del conocimiento iría en contra de la enseñanza que nos deja el AIKIDO.

Existen algunos aspectos fundamentales en el arte del AIKIDO que me parecen de suma importancia reflexionar con relación a la danza, sobre todo en el área de la enseñanza.

  El AIKIDO  es un  arte marcial que nace en Japón creado por Morihei Ueshiba, surge en la primera mitad de éste siglo, por lo que en su concepción del mundo acepta y recoge los conocimientos que la ciencia ofrece al pensamiento moderno. La entraña filosófica del AIKIDO proviene del Shintoismo (religión que profesaba el fundador), aunque también tiene influencias del Budismo y el Confucianismo; pero el AIKIDO no es un arte religioso, contiene la sabiduría que encierran las culturas orientales, y aunque al penetrar en su pensamiento parece que estamos en el ámbito de la metafísica, su sistema es tan humanista que trasciende este aspecto.

Como expresión viva, rompe las barreras entre la experiencia humana y la ciencia, pues finalmente ésta última todavía no nos explica muchos de los grandes misterios de la vida.

Un aspecto básico del AIKIDO que lo diferencia de otras artes marciales y lo acerca más a la danza, es el hecho de que sus principios no se basan en la competencia sino en la comunión con el otro, no hay victoria ni derrota como nosotros la concebimos, no existe la competición. Entrena el espíritu y mantiene una constante búsqueda de la verdad, por lo que la acción física de su entrenamiento tiene una razón profunda de ser. En este sentido el AIKIDO es un arte del movimiento.

Sin entrar en particularidades y haciendo una generalización arriesgada, podría decirse que las técnicas de danza en las que nos formamos y las que hoy nos influyen, han tenido un origen que las justifica y les da sentido, plantean, aún antes de ser sistematizadas, preguntas fundamentales sobre la expresión dancística y la postura del hombre ante su cuerpo en el ámbito de su cultura.

 El entrenamiento cotidiano nos determina -querámoslo o no- en nuestra expresión, es por esto de vital importancia conocer las motivaciones que impulsaron a la formación de una técnica.

Me pregunto entonces, ¿Por qué existe una constante separación entre el entrenamiento técnico y la creatividad?, ¿Entre la expresión coreográfica y la técnica?, ¿Entre los métodos pedagógicos de enseñanza y cómo realmente se enseña?, ¿Entre la forma y el contenido?, ¿Por qué el lenguaje continuamente se academiza y estereotipa?. Me refiero a la ruptura existente entre acción y pensamiento, entre pensamiento y espíritu, entre cuerpo y mente; porque finalmente la danza que se quiera hacer, es la resolución de cómo los coreógrafos y maestros planteamos el problema de la relación entre el cuerpo y la mente, ¿fragmentada?, ¿Unida?, ¿De qué manera?.

En el AIKIDO no debe haber separación entre técnica y expresión, entre las palabras y la acción, entre el pensamiento  y el cuerpo, en el momento que esto sucede, el ideal se rompe y el AIKIDO deja de ser AIKIDO.

El AIKIDO  es una enseñanza de vida que debe traspasar el entrenamiento  físico, es una filosofía de la acción; sus principios filosóficos en su aspecto físico, son concebidos de una manera muy semejante a las ideas de la danza de este siglo ( la cual por cierto tuvo conocimiento, y en algunos casos influencias de las danzas orientales). El espacio es entendido en su tridimensionalidad y expresado a través de la espiral y el circulo, el tiempo es relativo, la gravedad es aprovechada y no negada, los contrarios se establecen en un juego dinámico para encontrar el equilibrio, la energía o lo que nosotros conocemos como tal, es concebida en un concepto complejísimo que engloba la vida misma, es el KI, el aliento. Todos estos principios deben de ir más allá de su entendimiento físico, son una abstracción vivida de las leyes que rigen la naturaleza y el universo. Son principios Universales.

En AIKIDO permanentemente se trabaja en pareja o con más de uno, esto conduce a una comunicación a través, no sólo de la intención, sino de la acción misma, por lo que cualquier engaño se hace evidente.

El ideal del AIKIDO es llegar a un estado de meditación en movimiento, en el cual, la conciencia y el cuerpo pueden establecer un contacto fluido y permanente. Algunos se preguntarán, ¿cómo es posible la meditación en movimiento dinámico?. No se trata de una meditación de contemplación, de ensimismamiento o beneficio personal, es una meditación de comunicación, por eso, sólo es posible experimentarla en la acción física con el otro; es un estado de vació-lleno que está contenido en el circulo, en el centro, de ahí que el HARA o centro del cuerpo, es vital.


Otro aspecto esencial es la respiración, la cual juega un papel importantísimo en el entrenamiento diario. La respiración nos permite relajarnos, vaciarnos y establecer un fluido permanente en nuestro cuerpo, además de que es la vía por la cual se accede a ese estado de meditación.

Existe otro campo vasto y complejo que nos ofrece el AIKIDO, y aunque sea muy brevemente no quisiera dejar de mencionar pues nos involucra directamente a los que nos dedicamos a la enseñanza; es el planteamiento de que el conocimiento sólo se puede adquirir a partir de la experiencia, y para lograrlo es necesario un entrenamiento riguroso, en el cual la forma siempre tendrá sutiles cambios pues requiere ajustarse a las circunstancias de la vida. La vida nunca se repite idéntica dos veces.

Finalmente lo único que queda decir, es que ser espectador del AIKIDO de Ueshiba, es mirar una danza maravillosa, precisa en su forma, elegante y fluida. Es definitivamente una poética del movimiento.